Le faltas. Eres todo cuanto necesita, todo cuanto le hace feliz. La marea sube, el sol se pone. Siente, te siente, Cada delicado roce, cada susurro. Te acercas, te vas. Aquel escalofrío al tocarla, ese perfume inolvidable; el tacto, el gusto, el olfato. Vestidos, desnudos. Sonríe, baila, corre.
La brisa, la marea, el viento, la lluvia, todo a la vez y todo contigo, todo contigo y todo a la vez.
Una camisa a rallas, tal vez dos. El color amarillo, las sábanas y el tacto de tu piel, vuelve a sentir. Aquella fotografía sin enmarcar, aquel sofá, aquel coche, aquella cama. El sexo, el amor.
Eres ella, ella eres tú. No puede haber un tú sin ella, no puede haber un ella sin ti.
Ámsterdam, Roma y París. La tarta de cumpleaños, un cuadro, muchos cuadros, un libro, muchos libros. Juntos...la nieve, el sol, el frío, el calor. Brilla la luna y deja de brillar. Amanece. Vuelve a pensarte, ahora no estás.
Le faltas, le faltas tú.
Te falta, te falta a ti.
La marea sube, el sol se pone, ya no te siente, tampoco le sientes tú. No se acerca, se va. Ya no hay escalofríos, ya no hay perfume, ya no hay fotografía que enmarcar. Sonríe, baila, corre...
La brisa, la marea, el viento, la lluvia, todo a la vez y todo sin ti.
Le faltas...o tal vez ya no.
No soy buena escribiendo, y sé que este texto tampoco lo es, pero permitirme la licencia de aprender a escribir practicando.
miércoles, diciembre 23, 2009
domingo, diciembre 20, 2009
Symbolisme et rhétorique.
El otro día, mientras el profesor nos hablaba de la hermenéutica y las teorías nihilistas sobre la interpretación de textos en clase de literatura, se me ocurrió preguntarle algo. Algo que provocó una explicación, o más bien debate entre el profesor y yo. Después de hablar extensamente sobre la Deconstrucción de Derrida, empezó a explicarnos las teorías de las que derivaba este autor, es decir, las teorías de Nietzsche y R.Barthes. Centrándome en Nietzsche, el cual decía que, tras la "muerte de Dios" y por consiguiente la pérdida del criterio de autoridad, nadie nos puede decir nada, cada uno tiene su criterio. Derrida, tomando el criterio de Heideger, nos dice que cada uno tiene que recomponer el mundo como pueda. Derrida acaba diciendo entonces quer la lengua está improvisada, y que las palabras pueden sugerirnos a cada cual una cosa distinta. Aquí salió entonces el tema de la metáfora y el nihilismo interpretativo. Según Derrida, todo lenguaje es simbólico, todo es una metáfora. Por lo tanto, cada uno puede leer un texto e interpretarlo a su manera, dando así igual la intención del escritor o el mensaje que pretendiera transmitir, puesto que dependiendo de quién lo lea, lo entenderá o interpretará de la manera que el entienda. Yo estaba y estoy de acuerdo con esta teoría, mi profesor al parecer no lo estaba. Y yo me pregunté entonces porqué en esta ocasión el lenguaje no es simbólico, si hace un par de clases, cuando hablamos del arte, nos dio su opinión sobre el tema concluyendo que el arte sí lo es. Si el arte es arte dependiendo de quién lo vea, lo escuche... ¿Porqué no sucede igual con los textos? Y eso mismo le pregunté; porqué el arte es simbólico y el lenguaje no, ya que en gran parte, el lenguaje puede considerarse arte, y todo arte trata de transmitir un mensaje (lenguaje en el caso de la literatura), un mensaje que, en mi opinión, dependiendo de quién lo lea, le transmite o entiende una cosa u otra. Puede que lo que dije fuera solo una tontería pero, habiéndole preguntado eso en clase, ya planteo el problema de la metáfora y el entendimiento; puesto que si el lenguaje no fuera metafórico o simbólico, habría entendido a la perfección lo que él decía, y estaría de acuerdo con él. ¿Verdad?
"Las palabras son metáforas y, como tales, expresan la realidad de manera misteriosa."
Tomás Eloy Martínez.
sábado, diciembre 12, 2009
Haine...
Odio que la gente arrastre los pies al andar.
Odio que alguien escuche música con sus cascos y se pueda oír a tres metros.
Odio que cualquiera no sepa comer con la boca cerrada.
Odio escuchar ese espantoso sonido que producen algunos al masticar chicle.
Odio que me llamen cuando estoy durmiendo; y odio que alguien a quien acabas de colgar/cortar el teléfono sin haberle cogido siquiera vuelva a llamar a los dos segundos, y tras colgarle de nuevo, vuelva a llamarte en otros dos segundos.
Odio que cuando digo que trabajo esa tarde de tal a tal hora, todo el mundo me llame mientras, aun sabiéndolo; y odio tener que decirles después "no te cogí porque estaba trabajando".
Odio que cuando leo un libro en el metro, el que está sentado a mi lado se ponga a "leerlo conmigo".
Odio cuando llevas cinco minutos esperando a que el metro llegue, y justo cuando llega el metro uno que acaba de llegar hace unos segundos se ponga inmediatamente delante tuyo para entrar primero y poder sentarse; y odio que la gente se siente viendo como una persona mayor tiene que quedarse levantada.
Odio cuando un grupo de niñatas se sienta cerca de mí en el metro, y hablan como si sólo estuvieran ellas, hablando de las mayores gilipolleces del mundo.
Odio que cuando trabajo la gente me trate como su criada, y se crea que estoy únicamente a su servicio.
Odio la gente prepotente de la universidad, que señores, hay muchos.
Odio que toda la clase se gire y me mire cuando hago una pregunta al profesor.
Odio cuando alguien tira algo al suelo y no lo recoge, o cuando se le cae, y actúa de la misma forma.
Odio cuando alguien dice "lo de el cambio climático es mentira".
Odio que me miren raro cuando llevo puestas mis calzas (o calcetines altos hasta la rodilla, como queráis decirlo).
Odio a la gente que en ved de hablar, grita, pero no una vez, sino siempre.
Odio que cuando dices "déjame en paz", crean que les has dicho "agóbiame y estate encima mío todo el rato"; y odio que cuando dices "no...que no...¡que no me pasa nada!" insistan hasta que acabas mandándolos a la mierda, y luego digan que "encima que se preocupan por ti".
Odio la intolerancia, la discriminación del cualquier tipo y el racismo.
Odio que alguien se meta con otro por ser diferente.
Odio cuando me dicen que exagero por todo.
Odio a los hipócritas, a los falsos; y odio a la gente que no tiene ideas propias y se dedica a coger otras de los demás sin saber apenas nada.
Odio a la gente critíca sin saber, sin haberse informado antes sobre lo que critica.
Y odio....odio...odio...
Y obviamente, después de todo esto, lo más insoportable de todo, soy yo.
Odiando tantas cosas, no entenderé nunca como hay quién me aguanta.
Pero odiando tantas cosas, entiendo como pasan muchas otras.
Odio que alguien escuche música con sus cascos y se pueda oír a tres metros.
Odio que cualquiera no sepa comer con la boca cerrada.
Odio escuchar ese espantoso sonido que producen algunos al masticar chicle.
Odio que me llamen cuando estoy durmiendo; y odio que alguien a quien acabas de colgar/cortar el teléfono sin haberle cogido siquiera vuelva a llamar a los dos segundos, y tras colgarle de nuevo, vuelva a llamarte en otros dos segundos.
Odio que cuando digo que trabajo esa tarde de tal a tal hora, todo el mundo me llame mientras, aun sabiéndolo; y odio tener que decirles después "no te cogí porque estaba trabajando".
Odio que cuando leo un libro en el metro, el que está sentado a mi lado se ponga a "leerlo conmigo".
Odio cuando llevas cinco minutos esperando a que el metro llegue, y justo cuando llega el metro uno que acaba de llegar hace unos segundos se ponga inmediatamente delante tuyo para entrar primero y poder sentarse; y odio que la gente se siente viendo como una persona mayor tiene que quedarse levantada.
Odio cuando un grupo de niñatas se sienta cerca de mí en el metro, y hablan como si sólo estuvieran ellas, hablando de las mayores gilipolleces del mundo.
Odio que cuando trabajo la gente me trate como su criada, y se crea que estoy únicamente a su servicio.
Odio la gente prepotente de la universidad, que señores, hay muchos.
Odio que toda la clase se gire y me mire cuando hago una pregunta al profesor.
Odio cuando alguien tira algo al suelo y no lo recoge, o cuando se le cae, y actúa de la misma forma.
Odio cuando alguien dice "lo de el cambio climático es mentira".
Odio que me miren raro cuando llevo puestas mis calzas (o calcetines altos hasta la rodilla, como queráis decirlo).
Odio a la gente que en ved de hablar, grita, pero no una vez, sino siempre.
Odio que cuando dices "déjame en paz", crean que les has dicho "agóbiame y estate encima mío todo el rato"; y odio que cuando dices "no...que no...¡que no me pasa nada!" insistan hasta que acabas mandándolos a la mierda, y luego digan que "encima que se preocupan por ti".
Odio la intolerancia, la discriminación del cualquier tipo y el racismo.
Odio que alguien se meta con otro por ser diferente.
Odio cuando me dicen que exagero por todo.
Odio a los hipócritas, a los falsos; y odio a la gente que no tiene ideas propias y se dedica a coger otras de los demás sin saber apenas nada.
Odio a la gente critíca sin saber, sin haberse informado antes sobre lo que critica.
Y odio....odio...odio...
Y obviamente, después de todo esto, lo más insoportable de todo, soy yo.
Odiando tantas cosas, no entenderé nunca como hay quién me aguanta.
Pero odiando tantas cosas, entiendo como pasan muchas otras.
Foto: ´La Haine´. Película Francesa de 1995, dirigida por Mathieu Kassovitz, que trata sobre tres jóvenes; uno judío, otro árabe y otro negro en los suburbios de parís; y es fantástica, por cierto.
domingo, diciembre 06, 2009
Éveillé.
Y así día tras día. Y no le puedes olvidar. Por mucho que lo intentas, no puedes.
Qué fácil es negarlo delante de la gente, hacerles ver que ya es distinto, que tu has cambiado, que ya no sientes nada, que ya no sientes lo mismo. Es tan fácil engañar, pero tan difícil auto engañarse. Y lo intentas. Intentas auto engañarte, pero no puedes. Dicen que es fácil, que la gente lo hace a menudo para olvidar. No es el caso. No sirve nada de lo que haces, ya que al día siguiente te levantarás igual que amaneciste el anterior.
"No merece la pena que malgastes tu tiempo, no es suficiente para ti, él no te merece, nunca te ha querido, perdió su oportunidad, olvídale" ... Da igual lo que te digan, da igual. Te gustaría poder escucharlos, pero solo los oyes. El amor no atiende a razones. El amor es...amor. Jodido amor. Es culpa tuya, y lo sabes; pero es tarde ya. Tú, estúpida, que siempre actuaste sin pensar. Tú, estúpida, que creías en todo. Tú, idealista, aquí tienes lo que sembraste, y para siempre. Para siempre. Y cuesta respirar...
Tiempo, te dicen. Otro llegará, vuelven a decirte. Nada, solo los oyes. Miles de gotas, y entre todas ellas tuviste que elegir justo esa. Ese... Él.
Despierta, ya no es el sueño que era entonces. Despierta, es muy tarde. Despierta, ya no está. Despierta, nunca estuvo.
Pero, ¿qué hacer si el tiempo no sirve? ¿Qué hacer si con él la palabra tiempo desaparece de tu cabeza? ¿Qué hacer si en ved del mar ves tan solo esa pequeña gota de agua? Y sin agua, no puedes vivir.
Y sigues durmiendo...
Es tan difícil olvidar. Es imposible olvidar. Y vuelve de nuevo a tu cabeza. Mareos, sentimientos, locura...
Y te ahogas...
Respira, solo respira.
Foto: eeehooops.deviantart.com/
domingo, noviembre 29, 2009
"Je m'en sortirai avec un peu d'aide de mes amis."
con la imaginación las lleva,
siguiendo a esa niña soñada,
por un mundo nuevo, de hermosas maravillas
en el que hasta los pájaros y las bestias hablan
con voz humana, y ellas casi se creen estar allí.
Una letra, una sílaba, una palabra, una frase, una oración, un párrafo, un texto, un capítulo, un sueño.
-¿Un sueño dices?
-Sí, un sueño.
-Pero, ¿No debería ser una historia?
-No, una historia no; un sueño.
Poco a poco, uniendo cada cosa y cada cosa en su lugar; así se construyen los sueños. Poco a poco, uniendo casa cosa y cada cosa en su lugar; así se construye una amistad.
Tres minutos, tres horas, tres meses, tres años; da igual el tiempo que necesites, siempre sabrás quien podrá formar parte de tu vida y quién no.
Es ahora, con la navidad cerca, quieras o no, cuando piensas en la cantidad de gente que ha pasado por tu vida, y los que aún están por pasar. Es ahora, cuando te preguntas por qué sigues siendo igual de amigo que siempre con ese compañero de la infancia, o cuando no consigues saber por qué esa pequeña persona a la que conoces desde hace dos o tres años ha llegado a serlo igual que esa otra de la infancia.
Como decía. A veces hacen falta años para darte cuenta de que esa persona no estará contigo para siempre; y a veces, hacen falta unos minutos para estar seguro de que sí lo estará.
Te conocí con diecisiete, tú tenías dieciséis, quince quizás. Y ahora veinte son en mi caso, y en unos cuantos minutos diecinueve serán para ti.
Diversión, estupidez, vaguería, colegio, instituto, meteduras de pata, más estupidez, chicos, días buenos, días malos, familia, amigos, conocidos, fiestas, compras, mayoría de edad, trabajo, locura transitoria o no, universidad, más y más estupidez, más y más chicos. Todo. Conoces de mí todo. Todo lo bueno, y todo lo malo. Esas cosas que te hacen reír, y las que te hacen llorar. Y a pesar de todo ello, sigues ahí, y seguirás. ¿Y sabes por qué lo sé? Porque solo me hicieron falta tres minutos. Solo tres minutos para saber con quién más querría pasar gran parte de mis buenos y malos momentos. No me hizo falta detenerme a pensarlo. Tal vez en eso se base una gran amistad, en que no te hace falta pensar si lo es, eso lo sabes; sino solo porqué. Aunque, ahora, el porqué me da igual. Tendré que volver a pensarlo el año que viene, y los demás, así que tengo tiempo de sobra... Diecinueve. Veinte. Veintiuno. Veintidós...
Supongo que esta es mi mejor forma de decir felicidades a un gran amigo y, por supuesto, que le quiero.
Por último, imaginó cómo sería, en el futuro, esta pequeña hermana suya, cómo sería Alicia cuando se convirtiera en una mujer. Y pensó que Alicia conservaría, a lo largo de los años, el mismo corazón sencillo y entusiasta de su niñez, y que reuniría a su alrededor a otros chiquillos, y haría brillar los ojos de los pequeños al contarles un cuento extraño, quizás este mismo sueño del País de las Maravillas que había tenido años atrás; y que Alicia sentiría las pequeñas tristezas y se alegraría con los ingenuos goces de los chiquillos, recordando su propia infancia y los felices días del verano.
[Citas en gris: Alicia en el país de las maravillas. Lewis Carroll.]
Si señores, la de en medio en la foto es una servidora, los de mi derecha e izquierda, dos de los mejores amigos que podría tener; uno, al que va dirigido el texto.
martes, noviembre 24, 2009
Toujours quelque chose à dire...
La gente siempre tiene algo que decir. No importa de qué estés hablando, que hagas o cómo lo hagas, con quién estés y porqué. A la gente eso de la igual, opinará con o sin esa información. ¿Hablas de las inundaciones en Fort Wayne? Algunos no sabrán ni donde está, pero no te preocupes, si hablas de ello, opinarán. Habla de Colón y sobre si nació o no en Génova, y verás como, digas lo que digas, tendrás un 50% de opositores. Habla de cine, política, religión, costumbres, música, comida, racismo, cultura, medio ambiente, ciencia, literatura...Si sabes, te interesa y te gusta el tema; habla de lo que quieras, cuando quieras y como quieras, y deja que los demás digan lo que quieran, ya que, muy a nuestro pesar, siempre lo harán, y siempre habrá quien tenga algo que decir al respecto. Haz lo que debes hacer y como quieras hacerlo, y deja de preocuparte ya por lo que dirán o pensarán; sabes que ni la mitad de las personas que acabarán opinando sobre ello sabrán siquiera quien eres tú. Lucha por lo que crees, da igual lo que pueda pasar después.
-Pero, la gente opinará.
-La gente siempre tiene algo que decir.
Lucha, y hazlo tú, ya que si tú no lo haces, nadie lo hará. Cámbialo todo, cámbialo. Y si comentan, que lo hagan, ¿O de verdad te importa lo que te diga alguien que no sabe ni quién eres, o lo sabe, pero poco le importa? Ser uno mismo, ese es el problema de nuestra sociedad; porque, cuando uno deja de ser quién es, pierde su principal objetivo, ese algo por el que luchar; y cuando uno pierde eso, es cuando piensa que nadie más puede tenerlo. Y es a estos a quienes yo les diría que no todos somos iguales; no todos queremos opinar de todo cuanto hay a nuestro alrededor, sin importar qué sea y sin saber bien por qué opinar. Da igual lo que digan, si tu quieres, hazlo. Da igual lo que digan si tu quieres, dílo.
-Pero, la gente opinará.
-La gente siempre tiene algo que decir.
Lucha, y hazlo tú, ya que si tú no lo haces, nadie lo hará. Cámbialo todo, cámbialo. Y si comentan, que lo hagan, ¿O de verdad te importa lo que te diga alguien que no sabe ni quién eres, o lo sabe, pero poco le importa? Ser uno mismo, ese es el problema de nuestra sociedad; porque, cuando uno deja de ser quién es, pierde su principal objetivo, ese algo por el que luchar; y cuando uno pierde eso, es cuando piensa que nadie más puede tenerlo. Y es a estos a quienes yo les diría que no todos somos iguales; no todos queremos opinar de todo cuanto hay a nuestro alrededor, sin importar qué sea y sin saber bien por qué opinar. Da igual lo que digan, si tu quieres, hazlo. Da igual lo que digan si tu quieres, dílo.
domingo, noviembre 15, 2009
Douce folie transitoire.
Una y otra y otra vez.
Mucha gente ama la rutina, mucha gente la necesita para sentirse seguros; solo alguna vez, muy de vez en cuando, se salen de ella para aprender cosas nuevas y cambiar lo que han sido hasta ahora a causa de ello. Mucha gente, pero no yo.
Tal vez esas pequeñas locuras transitorias sean las que me salven; pequeñas locuras a las que llamo vivir. Mucha gente dice que no me decido, un día quiero una cosa y al siguiente lo contrario, un día soy de una manera y al siguiente soy distinta totalmente.
Si, tal vez. Bueno, tal vez no, seguro.
Pero sin eso, no sería yo. Sin eso, no sería más que otra del montón que hace lo que tiene que hacer y lo que quiere hacer cuando lo tiene hacer; como le es habitual, y que no se sale de ahí. Quiero sentir, vivir, cambiar, disfrutar, luchar, reír, llorar, entender, esperar, avanzar, parar, seguir, intentarlo todo, sobre todo intentarlo.
Sí, soy una idealista que cree que el mundo puede cambiar, que yo puedo cambiar. Pero no sólo lo creo, lo intento y lo hago; atravesando las piedras del camino como hace el río, para poder llegar hasta el final.
Intento cambiar lo que me rodea y no me gusta, lo que veo incorrecto, lo que hago mal y lo que hacen mal.
Intento informarme y conocer, o al menos lo intento; cambio tanto y tan rápido de parecer ya que me informo de verdad, y cuando uno conoce, cambia. Es inevitable. Vivir, e intentar que los demás puedan hacerlo, luchar por que los demás puedan hacerlo, estén donde estén, vivan como vivan y sean de donde sean; eso es lo que quiero.
Y si por esto dicen que no sé lo que quiero o que no me decido, que lo digan. Yo a esto lo llamo crecer, mentalmente y como persona; pero que lo llamen como ellos quieran. ¿Locura transitoria lo llaman ahora? Pues bienvenida seas.
Mucha gente ama la rutina, mucha gente la necesita para sentirse seguros; solo alguna vez, muy de vez en cuando, se salen de ella para aprender cosas nuevas y cambiar lo que han sido hasta ahora a causa de ello. Mucha gente, pero no yo.
Tal vez esas pequeñas locuras transitorias sean las que me salven; pequeñas locuras a las que llamo vivir. Mucha gente dice que no me decido, un día quiero una cosa y al siguiente lo contrario, un día soy de una manera y al siguiente soy distinta totalmente.
Si, tal vez. Bueno, tal vez no, seguro.
Pero sin eso, no sería yo. Sin eso, no sería más que otra del montón que hace lo que tiene que hacer y lo que quiere hacer cuando lo tiene hacer; como le es habitual, y que no se sale de ahí. Quiero sentir, vivir, cambiar, disfrutar, luchar, reír, llorar, entender, esperar, avanzar, parar, seguir, intentarlo todo, sobre todo intentarlo.
Sí, soy una idealista que cree que el mundo puede cambiar, que yo puedo cambiar. Pero no sólo lo creo, lo intento y lo hago; atravesando las piedras del camino como hace el río, para poder llegar hasta el final.
Intento cambiar lo que me rodea y no me gusta, lo que veo incorrecto, lo que hago mal y lo que hacen mal.
Intento informarme y conocer, o al menos lo intento; cambio tanto y tan rápido de parecer ya que me informo de verdad, y cuando uno conoce, cambia. Es inevitable. Vivir, e intentar que los demás puedan hacerlo, luchar por que los demás puedan hacerlo, estén donde estén, vivan como vivan y sean de donde sean; eso es lo que quiero.
Y si por esto dicen que no sé lo que quiero o que no me decido, que lo digan. Yo a esto lo llamo crecer, mentalmente y como persona; pero que lo llamen como ellos quieran. ¿Locura transitoria lo llaman ahora? Pues bienvenida seas.
domingo, noviembre 08, 2009
Lo que la gente no sabe, ni quiere saber...
Hagámonos los ciegos, obviemos lo que pasa en el resto del mundo. ¿Qué más dará lo que suceda en todo el mundo árabe? ¿Qué más dará que se haga, dónde se haga si no es aquí o a quien se mate? Preocupémonos únicamente por quejarnos de las chicas que llevan el burka en las aulas, en ved protestar por lo que sucede en sus países, sacar a la luz lo que de verdad está sucediendo, o al menos, informarnos. Claro, ¿para qué preocuparse, si a mi "no me afecta" personalmente? (estoy siendo irónica, aclaro)
Vaya sociedad estamos creando.
[Foto del FPI, grupo extremista irlámico en Indonesia, país con mayor población musulmana del mundo]
Vaya sociedad estamos creando.
[Foto del FPI, grupo extremista irlámico en Indonesia, país con mayor población musulmana del mundo]
«Vive respetado o muere como un mártir», reza la caligrafía en rojo que exhiben en la capucha los miembros del Front Pembela Islam (FPI). Cada año, estos autoproclamados defensores del islam se congregan en los barrios de Yakarta antes y durante el mes santo del Ramadán, intimidando a los «mercaderes del vicio», como propietarios de bares y prostitutas.
¿Más sobre este grupo radical islámico? http://fpi-online.blogspot.com/
Foto + pie de foto: NationalGeographic
Foto + pie de foto: NationalGeographic
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